ZOÉ GAMBOA
Muchas personas conocen mi trabajo dentro
del mundo de la estética, la armonización facial y la dirección de clínicas.
Conocen a la empresaria, a la mujer detrás de Touché by ZG, a la formadora
profesional y a la creadora de experiencias enfocadas en belleza, bienestar y
transformación. Pero hay una parte de mí que pocas personas conocen realmente,
mi vida académica y mi faceta como investigadora.
Hoy quiero hablar precisamente de eso.
Porque detrás de cada protocolo, cada
decisión clínica y cada proyecto que he construido, existe una mujer
profundamente apasionada por el conocimiento. Una mujer que nunca quiso
quedarse únicamente en la técnica, sino comprender qué ocurre detrás de ella,
la percepción humana, la neurocognición, la emoción, la ética profesional y el
impacto psicológico que puede tener la estética en la vida de una persona.
En octubre concluiré oficialmente mi
Doctorado, y decirlo en voz alta tiene un significado profundamente emocional
para mí. No representa solamente un grado académico. Representa años de
estudio, disciplina, investigación y una enorme responsabilidad con el
conocimiento y con la manera en la que decidimos ejercer esta profesión.
Creo firmemente que la estética también puede ser ciencia.
Y creo que ha llegado el momento de hablar
de ella desde un lugar mucho más profundo, más humano y más consciente.
Actualmente desarrollo una línea de
investigación enfocada en la enseñanza de la estética no invasiva desde una
perspectiva neurocognitiva y ética. Parte de este
trabajo se materializa en mi investigación y propuesta académica titulada “De
la técnica a la conciencia: Modelo didáctico para la enseñanza de la estética
no invasiva basado en neurocognición, percepción clínica y ética profesional”,
una reflexión que nace no solamente desde la experiencia clínica, sino también
desde la necesidad de transformar la manera en que formamos profesionales
dentro de esta industria.
Porque formar especialistas no debería
limitarse a enseñar procedimientos.
También deberíamos enseñar sensibilidad,
percepción, criterio y responsabilidad humana.
Hay una frase que me acompaña mucho durante
este proceso de investigación: una aguja jamás debería tocar primero el
rostro, sino la conciencia del profesional que la utiliza.
Y quizá esa es la parte de mí que muchas
personas aún no conocen.
Detrás de las clínicas, de los eventos,
de los proyectos y de las redes sociales, existe una mujer que ama leer,
escribir, investigar y construir conocimiento. Una mujer que entiende que la
belleza no puede separarse de la salud emocional, de la autoestima ni de la
percepción que cada ser humano tiene sobre sí mismo.
Por eso hoy me asumo también como investigadora.
Como una mujer que decidió
profesionalizar su pasión hasta las últimas consecuencias.
Como alguien que cree que la elegancia
también está en el intelecto.
Y quizá por eso este momento tiene tanto
significado para mí.
Porque durante muchos años, cuando se
hablaba de ciencia, investigación, academia o pensamiento intelectual profundo,
casi siempre pensábamos en ellos.
Así nos enseñaron a verlo.
Como si la rigurosidad académica, el
liderazgo científico o la investigación pertenecieran históricamente a una
figura masculina.
Pero algo está cambiando.
Y me siento profundamente orgullosa de
formar parte de esa generación de mujeres que decidió prepararse, investigar,
construir conocimiento y ocupar espacios desde la inteligencia, la sensibilidad
y la capacidad.
No para competir con nadie.
No para demostrar superioridad.
Sino para demostrar que el liderazgo no
tiene género.
Que una mujer también puede dirigir una
clínica, construir una marca, investigar, escribir, generar conocimiento y
transformar una industria entera desde la conciencia, la preparación y la
visión.
Porque entendí que la verdadera belleza
jamás será solamente estética.
La verdadera belleza también está en la
mente de una mujer que decidió creer en sí misma.
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