¿Por qué da la fiebre mundialista?

 


Cada día julio está más cerca y con el la locura mundialista, se respira ese aire de hermandad, competencia, maquillaje tricolor, buenas vibras y unión que siempre ha caracterizado a este evento, destacando México, el país amante del futbol y la pachanga por excelencia, el que incluso con una botella arrugada de plástico se hecha una cascarita que nos hará vivir la siguiente media hora como si de la mismísima final de liguilla se tratara, gritos apasionados, señas, llanto y vítores, son pocas las muestras que el mexicano da cuando se llena de emoción.

 

Pero qué es lo que realmente nos lleva a actuar así, es decir, ¿qué nos sucede con este evento que pareciera llenarnos de locura y fanatismo?, pues bueno, como todo tiene una respuesta y trasfondo científico.

 

En palabras del profesor perteneciente a la facultad de medicina de la UNAM, Víctor Manuel Podríguez Molina, el futbol es “un coctel neurobiológico. Nos impacta totalmente a nivel cerebral, en el cuerpo, en la conducta y en las emociones”.

 

Dejando de lado lo rebuscado y poniéndolo más coloquial, cuando nuestro equipo anota, nuestro cerebro activa un “Sistema de recompensa”, liberando químicos como la dopamina y endorfinas que nos llevaran a sentir un mayor nivel de excitación y placer. Por lo que cuando decimos que un gol se siente, podemos tomarlo de manera literal.

 

Incluso en los malos momentos como amonestaciones, la salida de miembros, penales, etc., los mecanismos de defensa se activan elevando el cortisol como si de un peligro real se tratara. La universidad de Oxford ha respaldado esto al demostrar un notable incremento de dicho químico durante los partidos, siendo incluso de mayor tamaño si la identificación con el equipo llega a ser notable.

 

Otros estudios como el análisis cerebral también a logrado mostrar avance, pues al visualizar la actividad cerebral durante los partidos y los respectivos resultados de estos, se determina la asociación de victoria con el sentimiento de satisfacción, y la derrota con un desborde y descontrol emocional; además recalcan que, al verlo en grupo, esto se potencia junto con otros efectos, como la vinculación social y la mejor de la percepción de bienestar.

 

Finalmente, podemos decir que los brincos, señas y gritos emitidos durante los partidos han sido señalados como resultados delas neuronas espejo, haciendo que el cerebro imite y recree internamente lo observado; sumándole a esto, la asociación de la liberación de sustancias como la antes mencionada dopamina, la adrenalina y la serotonina vuelve a los partidos algo extremadamente atractivos y adictivo que al general una sensación de bienestar  motiva a la repetición de experiencias, manteniéndonos expectantes y conectadas a cada jugada.


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