Marty Supreme y Por qué debemos soñar en grande.



Intensa al punto de terminar el filme con la boca abierta y esperar unos minutos para procesar lo que acabamos de presenciar, Marty Supreme, la probablemente obra maestra de Josh Safdie, nos vuela la cabeza con cada toma y actuación captada por la cámara.

Safdie nos brinda una historia un tanto biográfica del jugador Marty Reisman, pero bajo sus términos e historia para volverla una frenética e incluso en algún punto absurda reflexión sobre hasta donde estamos dispuestos a llegar por cumplir nuestros sueños.

Marty Supreme sigue la inestable y caótica vida del prodigio del tenis de mesa o ping pong en los años 50´s, Marty Mausser; mentiroso, de moral dudosa, arrogancia al cielo y con muy pocos escrúpulos , pero que nos encamina con el en su intensa travesía para llegar al otro lado del mundo y por fin demostrar quien es el mejor jugador del mundo… obviamente y sin dudas, él; y por fin tocar un poco de aquel cielo ficticio e inalcanzable al que solemos llamar vitoria; sin embargo el camino presentado no es nada fácil, al contrario muchas veces llega a ser más que nada catastrófico , pero ¿no es eso lo que al final le da más sazón a la aventura?.

Esta nueva joya cinematográfica brilla por no vendernos la clásica idea inspiracionista del seguir nuestros sueños hasta que se cumplan de la forma más románticamente posible, sino que n cambio nos venden una cruda realidad que no sirve más que de reflejo que nos invita a pensar ¿realmente luchamos por lo que soñamos?, ¿qué tan fieles somos a nosotros mismos?, y ¿cuánto estamos dispuestos a dar para ver nuestra fantasía hecha realidad?

Con actuaciones fuera de lo usual encabezadas por probablemente el mejor actor de su generación, Timotheé Chalamet, quien nos convence con su actuación de que efectivamente, tanto él como Marty son los mejores del mundo. Es seguido por una reciente pero contundente Odessa A´zion y el resto del elenco que son simplemente figuras dentro de su área; además otro de sus puntos fuertes es su música, donde Daniel Lopatin nos lleva por una narrativa que al igual que una pelota de ping pong nos hace mirar de un lado al otro jugando entre la ambientación de los 50´s y los sintetizadores ochenteros para terminar con el match point que es “Everybody wants to rule the world” como un tiro definitivo.

Este largometraje se postula fácilmente como uno de los favoritos de todo el 2025 y el que probablemente le otorgara la ansiada estatuilla a Chalamet consolidando su carrera.

Siendo así un claro ejemplo más de con el séptimo arte nos inspira, cuestiona y aterra sobre la obsesión, ambición, arrogancia y confianza como una clave del éxito inevitable, pero inclusive con dichos altibajos nada nos detiene y motiva más que soñar en grande.



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