Rodolfo ‘Popo’ Sánchez Vega
El Maestro
Desde la butaca del que sabe de arte, de
música , de arreglos, de notas y voz. Lugar estratégico, desde donde se aprecia a los grandes.
Se le admira, se permite, por qué no, regocijarse
en el deleite sublime de las notas que marca su imponente figura, él,
ahí como el maestro, Rodolfo Popo Sánchez.
Nacido en Uruapan, Michoacán. Uno de los
hombres más talentosos que ha acunado Veracruz, pionero del jazz en México,
saxofonista, flautista, clarinetista, arreglista, compositor, director, productor.
Antonio Malacara
La Jornada
Popo Sánchez nunca quiso revolucionar el
jazz con sus saxofones, ni expandir fronteras o cabriolas armónicas en sus
múltiples trabajos como director de orquesta y arreglista. No. Durante sus
presentaciones en vivo, Popo Sánchez se “limitaba” a sumergirse en los
múltiples esteros del jazz tradicional para desplegar ahí un discurso
majestuoso y elegante, invariablemente conmovedor.
Ya en el estudio, el maestro era más
discreto, y esto se reflejaba en los siete u ocho discos que nos heredó; con
excepción, por supuesto de Lucifer, un disco de jazz fusión, netamente de
culto, donde 18 músicos lidereados por Rodolfo, detonan una bomba nuclear de 11
tracks. Por cierto, que ahí la guitarra es de Miguel Peña ( La Jornada
17/7/25).
El maestro falleció el pasado 28 de julio
en su casa de Xalapa, donde residía desde 1997 al lado de la cantante Tere
Aranda, su esposa, quien lo acompañó hasta el último instante, en medio de
aquellos tiempos, donde las horas y los días se iban engarzando con dificultad,
nunca exentas de dolor; y donde Rodolfo nunca dejó de luchar contra el cáncer.
En Xalapa, dirigió durante varios años a la
Orquesta Universitaria de Música Popular, un combo impresionante de 18 músicos
y 12 cantantes. Previamente, había estado al frente de la Orquesta Sagitario, en
el estado de México, y la Orquesta Primavera, en Oaxaca; además de presentarse
eventualmente como director huésped con la Orquesta Sinfónica Nacional, la
Sinfónica de Xalapa y la Filarmónica de la Universidad de Nuevo León.
Rodolfo Sánchez Vega nació el 29 de mayo de
1939 en Uruapan, Michoacán; hijo de Rodolfo Sánchez Espinoza, trombonista y
guitarrista en distintas bandas locales, hasta llegar a la Ciudad de México
para incorporarse como bajista en la Orquesta de Luis Arcaraz.
A los 16 años, el joven Popo radicaba ya en
la Ciudad de México donde se incorporó paulatinamente a las orquestas de Lupe
López, Pepe Luis y Héctor Hallal, el célebre Árabe, quien lo introduce de lleno
a las rutas jazzísticas. A los 22 entra al quinteto de Chucho Zarzosa, donde el
jazz le transforma la vida y los conceptos. Poco después toca con Mario Patrón,
Chilo Morán y Tino Contreras, hasta hacerse cargo de sus propios proyectos.
A escala internacional, participó en
infinidad de grabaciones y presentaciones de Sarah Vaughan, Cal Tjader, Larry
Coryell, Nat King Cole, Sammy Davis Jr y Laurindo Almeida, entre otros; pero
además participó en importantes festivales de Estados Unidos y Europa,
compartiendo créditos con Thelonious Monk, Oscar Peterson, Dave Brubeck, Paul
Desmond, Bill Evans, Paquito D’Rivera, el grupo Azimuth y demás etcéteras que
no caben en esta nota.
Su discografía completa aparecerá en el
volumen 4 de la Enciclopedia Fonográfica del Jazz en México, que cerrará
edición en los primeros meses de 2026.
A Popo Sánchez le gustaba decir que en
México los jazzistas no llenan estadios porque el jazz es un bocado de dioses y
que, al parecer, por aquí no a todos les gustaban esos platillos.
Frente al evidente aumento de jazzistas y
jazzófilos en todo el país, resulta indispensable conocer y reconocer hoy en
día a aquellos pioneros que llegaron con las alforjas cargadas de luz y
simiente, para que la síncopa y la improvisación pudieran ser parte de nuestro
entorno cotidiano… claro, en las catacumbas donde nos seguimos reuniendo para
el ritual del jazz.
Mario Ruiz Armengol, grande entre los
grandes, le decía a Popo Sánchez: “La suma de virtud y virtuosismo te hacen
entrañable”.
El 3 de julio de 2014, el saxofonista fue
objeto de un emotivo homenaje en el teatro Degollado, el foro más importante de
Guadalajara, en el marco del Encuentro Internacional de Jazz de Jalisco. Lo
nombraban una de las grandes leyendas del jazz en México ( La Jornada 15/7/14)
Ya en escena, acompañado por la Big Band
Jazz de México, Popo iba decantando cada una de sus piezas con el imperturbable
tono narrativo (atemporal, definitivo) que portaba en toda ocasión.
A mí me habían invitado a hablar en el
homenaje, y segundos después de que el maestro había sacudido el teatro
Degollado hasta sus cimientos (metáforas aparte) y conmovido a más de 600 de
asis”entes que aplaudían de pie ”n repetidas ocasiones, llegué al micrófono y,
entre otras cosas, pregunté qué era lo que distinguía a Popo Sánchez entre
tantos buenos jazzistas que abundan en el país.
Y volví a preguntar: ¿Será que realmente
existe un duende, un chaneque inquieto que se multiplica con las alforjas
cargadas de hallazgos, que esparce polvo y simiente entre un reducido grupo de
elegidos, de aquéllos que, como decía Silvio, no caben en la muerte?
Te vamos a extrañar.
Salud.
Cómo se
despide a un grande, haciendo los honores, recordando su nombre, su espacio,
ese su legado, su honor y su gloria.
Es verdad, no
todos ni todo. Solo algunos lo logran y
ese es el maestro, que se fue pero en realidad nunca se irá.
La gloria es
de quien permanece aún sin estar. PTR



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