Orizaba, un oasis veracruzano
Alfredo Bielma Villanueva
De los 212 municipios veracruzanos sin lugar a duda Orizaba
destaca por muchos motivos históricos, culturales y políticos, fue en su tiempo
el paso obligado hacia la Ciudad de México en tiempos de la Colonia, fue
capital de la entidad veracruzana de 1874 a 1878 con el gobernador Apolinar
Castillo. Su clima y posición geográfica propició el asentamiento de europeos
llegados a este continente y enriquecieron la vida cultural de Orizaba. Dice el
cronista José Luis Reneaum Alcocer que en la era porfiriana, Orizaba fue
la quinta ciudad más rica e industrial de la República Mexicana y fue
considerada como la más culta y educada del país. Las vicisitudes políticas
defenestraron al gobernador Castillo y su sucesor, el gobernador Juan de la Luz
Enríquez, devolvió a Xalapa su condición de capital de Veracruz. Durante el
porfiriato la ciudad de Orizaba fue favorecida con fuerte inversión en la
industria textil. El 10 de noviembre de 1914, el gobernador Cándido
Aguilar declaró nuevamente a Orizaba capital del estado, aunque de
manera provisional. En 1861 Juárez estuvo en Orizaba, donde pernoctó;
Maximiliano la visitó en tres ocasiones para una estadía de varios días.
Investida de la calidad de Pueblo Mágico Orizaba es un emblema
en esa categoría, en la que destaca entre muchos otros Pueblos de singulares
atractivos naturales y culturales. Su patrimonio arquitectónico deviene de su
curso histórico, pero debemos reconocer que sus autoridades han realizado una
extraordinaria gestión para elevarla a esa categoría turistica. Particular
reconocimiento merece Juan Manuel Diez Francos, cuya labor al frente del
ayuntamiento orizabeño ha sido de excelencia. Admirador del orden y el
progreso, este alcalde tuvo la osadía de erigir el 1 de septiembre de 2015 una
estatua de Porfirio Díaz en la Plaza Bicentenario, como: «Un reconocimiento al
patriota, quien siempre peleó por la soberanía nacional, pero también al
presidente que supo gobernar a un país en tiempos difíciles». Nada fácil en un
país donde el exdictador ha estado históricamente proscrito del panteón de los
héroes mexicanos. Criticas las hubo, incluso en este espacio. Sin embargo, un
Pueblo Mágico como Orizaba está ya muy por encima de las añejas y trasnochadas
veleidades políticas.


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