Cuenta regresiva
Si se alcanza una salida negociada de Nicolás Maduro, Estados Unidos impondría la condición de la celebración de elecciones libres.
Leonardo kourchenko
Publicación El
Financiero
La salida de Nicolás Maduro del poder en Venezuela es cuestión de
días o de semanas. El presidente Donald Trump reunió ayer lunes al Consejo de
Seguridad Nacional —el máximo organismo de asesoría política-militar del
presidente de los Estados Unidos— para discutir el tema de Venezuela.
No hay
acceso, evidentemente, y lo que se discute es absolutamente secreto.
Sin embargo,
expertos en Washington aseguran que se le deben haber presentado escenarios a
Trump acerca de un eventual derrocamiento de Maduro. La utilización de una
operación de cuerpos de élite de las Fuerzas Armadas, para entrar y extraer a
Maduro con el mínimo costo de sangre.
O bien una
salida negociada. Pactar su exilio a un país amigo de Venezuela (Cuba,
Nicaragua, Rusia, incluso Irán) que pudiera otorgar asilo al todavía presidente
venezolano a cambio de evitar un conflicto armado, provocar un baño de sangre y
una ocupación militar estadounidense.
Si se
alcanza una salida negociada, Estados Unidos impondría la condición de la
celebración de elecciones libres e independientes en un plazo relativamente
corto, tres a seis meses, y el inicio de un nuevo régimen en ese país.
Aquí juegan
no solamente los intereses geopolíticos regionales, sino también los
económicos. Venezuela posee las terceras reservas de crudo a nivel mundial, con
muchos millones de litros de petróleo en su subsuelo, que son profundamente
atractivos para el señor Trump.
El argumento
del narcotráfico, que evidentemente existe —más por rutas y bandas colombianas
que por una mínima producción venezolana—, utiliza el tránsito territorial y la
salida marítima de Venezuela para aventurarse en el Caribe hacia Miami,
Centroamérica u otros destinos. Pareciera más bien el pretexto que la razón de
fondo.
Los
operativos militares de los americanos han destruido 22 lanchas rápidas con la
supuesta carga de estupefacientes —no comprobada— y la muerte de al menos 87
personas, según el Departamento de Estado en Washington.
El
presidente Trump confirmó apenas hace unos días la existencia de una llamada
telefónica con el propio Nicolás Maduro —de la que no quiso comentar a bordo
del Air Force One— en la que simplemente señaló que existió la comunicación.
Resulta
inverosímil que el hombre más poderoso del mundo siquiera sostenga una llamada
con el paria de Maduro, cuya presidencia es resultado de unas elecciones
fraudulentas y su reelección no es reconocida por muchos países, entre ellos,
por supuesto, Estados Unidos.
La señora
María Corina Machado, premio Nobel de la Paz y líder indiscutible de la
oposición, debe estar muy ocupada preparando un futuro gobierno en caso de que
Trump logre la salida de Maduro.
La gran
preocupación es México, no solo por la riqueza, sino sobre todo porque aquí hay
una vigorosa industria del narcotráfico que ha sido señalada y acusada por
Trump en múltiples ocasiones.
Pero México
no es Venezuela, ni está gobernado por un presidente espurio y un grupo de
soldados, aunque el ejemplo sudamericano podría ejercer presión en aquellos que
protegen, desde el poder, vínculos con el narco.
Mucho está
aún por escribirse.



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